Confianza en una misma/o y deporte: cuando la mente también entrena
- 19 mar 2016
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“La confianza en una misma/o es el primer secreto del éxito”. Esta frase resume una idea fundamental: gran parte de lo que conseguimos empieza en la forma en la que nos miramos, nos habla
mos y nos valoramos.
En el deporte, como en la vida, la mente puede convertirse en una gran aliada o en una de las principales barreras. La confianza no aparece por casualidad; se construye, se entrena y se cuida.
Autoestima, aceptación y confianza
La autoestima tiene que ver con el valor y el afecto que depositamos sobre nuestra propia persona. No depende únicamente de los logros, del rendimiento o de las circunstancias externas, sino de la capacidad de reconocernos y aceptarnos de una forma más profunda.
Aceptar no significa que todo nos guste, ni que no deseemos cambiar o mejorar ciertos aspectos. Aceptar significa poder mirarnos con honestidad, sin rechazarnos, comprendiendo que el cambio es más sano cuando nace desde el cuidado y no desde la exigencia o el castigo.
La confianza, por su parte, está muy relacionada con esa autoestima. Confiar en una misma/o implica creer que se tienen, o se pueden desarrollar, los recursos necesarios para afrontar una situación.
Pienso, siento, actúo
La forma en la que pensamos influye directamente en cómo nos sentimos y, a su vez, en cómo actuamos.
Cuando los pensamientos son excesivamente negativos, pueden convertirse en una especie de “suicidio emocional”: minan la seguridad, aumentan la ansiedad y debilitan el rendimiento.
En cambio, cuando aprendemos a generar estados mentales más adecuados, es más probable que actuemos con mayor claridad, concentración y eficacia.
En el deporte esto se observa con mucha frecuencia. Cuando las cosas van bien, parece que todo fluye: se acierta más, hay menos dudas y la sensación de control aumenta. Sin embargo, cuando aparece una mala racha, pueden aumentar los errores, las distracciones y la sensación de que “nada sale”.
Pero estas sensaciones no dependen únicamente del azar. La confianza también se puede trabajar.
La importancia de cómo valoramos el rendimiento
Desde la infancia vamos construyendo nuestra autoconfianza a través de nuestra historia de éxitos, fracasos y valoraciones. La forma en la que interpretamos lo que hacemos, y también la forma en la que el entorno nos lo devuelve, influye mucho en nuestra seguridad.
Cuando una persona o su entorno se centran únicamente en lo negativo, puede aparecer una disminución de confianza. Esto suele ir acompañado de ansiedad, miedo a fallar y un debilitamiento del rendimiento.
Cuando solo se atiende a lo positivo, también puede aparecer un exceso de confianza. En ese caso, la persona puede relajarse demasiado, perder atención o dejar de esforzarse en aspectos importantes.
La situación más saludable es aquella en la que se reconocen los aspectos positivos y, al mismo tiempo, se señalan los errores de forma constructiva, explicando cómo pueden mejorarse. Así se favorece un nivel óptimo de confianza y un mejor rendimiento.
Cuando el error se convierte en amenaza
En el deporte, cometer errores forma parte del aprendizaje. Sin embargo, cuando cada fallo se vive como una amenaza, la mente puede entrar en un círculo negativo:
error → pensamiento negativo → ansiedad → pérdida de concentración → nuevo error.
Este círculo puede hacer que la persona empiece a dudar de sí misma y de sus capacidades, incluso cuando tiene los recursos necesarios para hacerlo bien.
Además, en conductas que ya están automatizadas, pensar demasiado puede convertirse en una distracción. Por ejemplo, cuando una persona ya sabe conducir, no necesita verbalizar cada movimiento que realiza. Si lo hiciera, probablemente perdería atención sobre la carretera.
Algo parecido ocurre en el deporte. Un gesto técnico automatizado puede verse afectado si la persona comienza a analizarlo en exceso durante la ejecución. La atención deja de estar en la acción y pasa a centrarse en el miedo a fallar.
Cómo fortalecer la confianza en el deporte
La confianza se puede entrenar. Algunas claves importantes son:
Desdramatizar los errores. Equivocarse no significa fracasar. Los errores ofrecen información sobre lo que necesita seguir trabajándose.
Centrar la atención en los avances. No se trata de ignorar lo que hay que mejorar, sino de reconocer también lo que sí se está haciendo bien.
Trabajar los errores con paciencia. Un gesto técnico no mejora por azar, sino a través de un trabajo planificado, constante y guiado. Es importante regular las expectativas y entender que algunos cambios necesitan tiempo.
Favorecer experiencias de éxito. Observar pequeñas mejoras ayuda a reforzar la confianza: un porcentaje que mejora, una repetición que sale mejor, una ejecución más estable o una respuesta más adecuada.
Entrenar el control del pensamiento. Aprender a manejar pensamientos intrusivos o negativos permite reducir distracciones y mejorar la concentración durante la ejecución.
Autoconfianza y rendimiento
La autoconfianza es la creencia de que se puede realizar satisfactoriamente una conducta deseada. En el deporte, implica creer en la propia capacidad para adquirir y desarrollar las destrezas físicas y mentales necesarias para alcanzar el máximo potencial.
Por eso, una pregunta fundamental para cualquier deportista sería:
¿Puedo trabajar mis puntos débiles hasta acercarme a mi objetivo?
Esta pregunta requiere autoconocimiento. Antes de mejorar, necesitamos identificar cuáles son nuestras fortalezas, cuáles son nuestras dificultades y qué aspectos dependen realmente de nuestro trabajo.
La relación entre confianza y rendimiento suele representarse como una U invertida:
Con poca confianza, aparecen dudas, ansiedad y miedo al error.
Con un nivel óptimo de confianza, aumenta la seguridad y mejora el rendimiento.
Con exceso de confianza, puede aparecer relajación, falta de atención y disminución del rendimiento.
El objetivo, por tanto, no es confiar “sin medida”, sino desarrollar una confianza ajustada, realista y sólida.
Conclusión
La confianza no consiste en creer que todo saldrá perfecto, sino en saber que se cuenta con recursos para afrontar lo que ocurra.
En el deporte, como en la vida, la mente también entrena. La forma en la que interpretamos los errores, valoramos los avances y nos hablamos internamente puede marcar una gran diferencia en nuestro rendimiento y bienestar.
Cuidar la confianza es también cuidar la manera en la que nos acompañamos en el proceso.





















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