¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?
- 9 feb 2021
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La ansiedad es una respuesta adaptativa del organismo. Esto significa que, aunque muchas veces la vivimos como algo desagradable, tiene una función importante: ayudarnos a reaccionar ante una situación que interpretamos como peligrosa o amenazante.
Todas las personas experimentamos ansiedad en algún momento de la vida. Forma parte de nuestro sistema de supervivencia y nos acompaña como una señal que prepara al cuerpo y a la mente para actuar.
La ansiedad como respuesta de supervivencia
La ansiedad aparece cuando nuestro sistema nervioso se activa ante una amenaza, ya sea física, psicológica, real o percibida. Es una respuesta emocional compleja que implica tres sistemas:
Sistema fisiológico: lo que ocurre en el cuerpo.
Sistema cognitivo: lo que pensamos e interpretamos.
Sistema conductual: lo que hacemos ante la situación.
Para entenderlo mejor, imaginemos una escena.
Estamos de vacaciones en Cantabria y visitamos el Parque Natural de Cabárceno. Vamos con ilusión, relajación y ganas de ver animales. Pero, de repente, un tigre sale de su zona y aparece justo delante.
¿Cuál sería la primera emoción? Probablemente, miedo. ¿Y qué nos permitiría reaccionar para protegernos? La ansiedad.
En ese momento, nuestro cuerpo se activa para huir, defenderse o atacar si fuera necesario. La ansiedad, en este caso, cumple una función clara: ayudarnos a sobrevivir.
Qué ocurre en el cuerpo cuando sentimos ansiedad
Cuando el organismo interpreta que hay peligro, se ponen en marcha numerosos mecanismos fisiológicos.
Los músculos se tensan para prepararse para la acción. El ritmo cardíaco se acelera porque los músculos necesitan más sangre y oxígeno. Puede aparecer sudoración para regular el aumento de temperatura corporal. Las funciones digestivas se alteran porque el cuerpo prioriza la supervivencia. Las pupilas se dilatan para captar más información del entorno.
Todo esto puede resultar incómodo, pero tiene sentido si estamos ante una amenaza real.
Por eso, la ansiedad no es el problema en sí misma. El problema aparece cuando esta activación se mantiene o se dispara sin que exista un peligro real.
¿Cuándo la ansiedad deja de ser adaptativa?
La ansiedad se vuelve problemática cuando nuestro sistema nervioso se activa como si estuviéramos frente a un peligro, aunque en realidad no exista una amenaza objetiva o inmediata.
En esos casos, el cuerpo reacciona igual que si tuviéramos delante al tigre, pero sin tigre.
La persona puede sentir palpitaciones, tensión muscular, opresión en el pecho, sudoración, dificultad para respirar, molestias digestivas, temblores o sensación de pérdida de control.
A nivel mental, pueden aparecer pensamientos automáticos negativos, anticipación constante, preocupación excesiva, hipervigilancia, miedo a que ocurra algo malo o sensación de incapacidad para afrontar la situación.
La ansiedad patológica puede generar mucho malestar, porque el organismo permanece en alerta durante demasiado tiempo. Y esa activación sostenida puede afectar tanto a la salud física como al bienestar psicológico.
La ansiedad también habla de algo
Como cualquier emoción, la ansiedad tiene una función. No aparece porque sí. Suele indicar que algo necesita ser escuchado, comprendido o atendido.
Por eso, más que intentar eliminarla sin más, es importante preguntarnos:
¿Qué está intentando decirme esta ansiedad?¿Cuándo empezó?¿Qué situaciones la activan?¿Qué pensamientos la mantienen?¿Qué estoy evitando por miedo a sentirla?
Comprender el origen y la función de la ansiedad es fundamental para poder trabajarla de forma adecuada.
¿La ansiedad tiene solución?
Sí. La ansiedad puede trabajarse y mejorar.
El primer paso es realizar una buena evaluación para entender cuándo aparece, qué la desencadena y qué factores la mantienen en el presente. No todas las personas sienten ansiedad por los mismos motivos, ni la viven de la misma manera.
Una vez comprendida su función, en terapia se trabajan herramientas para reducir la activación física, manejar los pensamientos anticipatorios, recuperar sensación de control y desarrollar estrategias de afrontamiento más saludables.
El objetivo no es dejar de sentir ansiedad para siempre, sino aprender a regularla, entenderla y evitar que dirija la vida.
Conclusión
La ansiedad no es una enemiga. Es una respuesta del organismo que intenta protegernos. Pero cuando se activa sin peligro real, con demasiada intensidad o durante demasiado tiempo, puede convertirse en una fuente de sufrimiento.
Escuchar la ansiedad, comprenderla y aprender a regularla puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.
En Psiconeva trabajamos la ansiedad de forma individualizada, atendiendo a la historia, las circunstancias y las necesidades de cada persona, para que pueda recuperar calma, seguridad y confianza en sus propios recursos.





















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