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Derecho a ser imperfecta/o

  • 21 feb 2021
  • 2 min de lectura


Vivimos en una sociedad que muchas veces nos empuja a competir por ser “la mejor versión” de nosotras/os mismas/os, como si nuestro valor dependiera de hacerlo todo bien, de cumplir con todas las expectativas y de no fallar nunca.


Sentimos la presión de ser responsables, ordenadas/os, exitosas/os, buenas parejas, buenas madres o padres, buenas profesionales, buenas amistades. Como si solo las personas perfectas merecieran reconocimiento, amor o descanso.


Pero la realidad es muy distinta: vivimos rodeadas/os de imperfección. Y no solo eso, la imperfección forma parte de la vida.


La perfección, además de ser inalcanzable, puede llegar a ser poco humana. Si todo fuera perfecto, exacto, previsible e idéntico, probablemente también sería menos creativo, menos interesante y menos real.


No somos menos valiosas/os por tener límites

Todas las personas tenemos fortalezas y también limitaciones. Tener límites no significa no ser suficiente. Significa ser humana/o.


A veces confundimos la imperfección con carencia, fracaso o falta de valor. Pero una limitación también puede convertirse en el punto de partida para desarrollar nuevas capacidades.


El ser humano no puede volar por sí mismo. Esa es una limitación. Pero precisamente esa limitación impulsó la creatividad, la curiosidad y la capacidad de construir aviones. Lo que parecía una restricción terminó abriendo nuevas posibilidades.


Muchas veces, nuestras limitaciones nos invitan a buscar recursos, pedir ayuda, aprender, crear y crecer.


La imperfección nos hace únicas/os

Imagina un mundo donde todas las personas fuéramos iguales: mismas capacidades, mismos pensamientos, mismas emociones, mismos cuerpos, mismos ritmos y mismas respuestas.

Sería un mundo profundamente aburrido.


La diferencia, la variabilidad y la imperfección son las que hacen posible la creatividad, la curiosidad, el aprendizaje y el encuentro con otras personas. Nuestra forma particular de ser, con luces y sombras, es también lo que nos hace únicas/os e irrepetibles.


La imperfección no nos resta valor. Nos da humanidad.


Vivir desde la perfecta imperfección

Aceptar nuestra imperfección no significa resignarnos ni dejar de crecer. Significa dejar de exigirnos una perfección imposible para empezar a relacionarnos con nuestra vida de una forma más amable y realista.


Podemos querer mejorar sin castigarnos.Podemos reconocer errores sin destruirnos.Podemos tener límites sin sentirnos insuficientes.Podemos crecer sin convertirnos en enemigas/os de quienes somos ahora.

El crecimiento no debería nacer del rechazo hacia una misma/o, sino del deseo de cuidarnos mejor.


Reivindicar el derecho a no ser perfectas/os

Proclamar nuestro derecho a ser imperfectas/os es también permitirnos vivir con más libertad.


Es aceptar que podemos equivocarnos, dudar, cansarnos, cambiar de opinión, necesitar ayuda, no llegar a todo o no saber siempre qué hacer. Y aun así, seguir siendo personas válidas, suficientes e interesantes.


La imperfección puede ser el motor del crecimiento, no porque nos acerque a una perfección idealizada, sino porque nos recuerda que estamos vivas/os, aprendiendo y transformándonos.


Quizá el verdadero reto no sea alcanzar la perfección, sino aprender a habitar nuestra imperfección con más respeto, más ternura y más confianza.





 
 
 

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